Alcocer en el Catastro de el Marqués de la Ensenada
17/03/2007
Corría el año 1752, nuestro monarca Fernando VI, que reino entre 1746 y 1759, ordenó que se realizasen una serie de averiguaciones a petición de su ministro Ensenada. Estas averiguaciones tenían por objeto sanear la hacienda pública. Eran tiempos de guerras y los gastos superaban con creces a los ingresos. Las averiguaciones consistían en realizar una relación de todas las personas que formaban la corona de Castilla, así como de sus familias, fincas e incluso hipotecas contraidas con objeto de llevar un control exhaustivo de la hacienda real.
Así, el 4 de julio de 1752, la comitiva encabezada por el juez delegado don Francisco Javier Pérez llegó a Alcocer a las 12 de la mañana poniéndose manos a la obra. Se dictaron edictos para que todos los habitantes de la villa hicieran juramento de todos sus bienes, fincas y familia. El 16 de octubre, concluido el trabajo, salieron de Alcocer hacia Guadalajara, ciudad a la que arribaron a las dos de la tarde del día siguiente.
Dentro de este "censo" se hace una relación detallada de todos los habitantes de Alcocer así como de sus oficios. Por ejemplo, por aquel entonces el médico titular era Don Manuel Campos, Joseph Chelva el cirujano, Atanasio Galindo y Julian Casero panaderos, Manuel Bonillo tendero de aceite y pescado y así una lista completísima con todos y cada uno de los vecinos de Alcocer.
Los bienes propios de que Alcocer disponía en el siglo XVIII eran los siguientes:
Una casa cárcel y sala Capitular.
Otra casa-carnecería en la quadrilla de la iglesia, donde dicen el coso.
Otra en igual sitio, que sirve de Pósito.
Dos solares en el Coso y calle Real.
Un pozo de nieve en las eras de la Puerta de Cuenca, que por quinquenio produce al año 200 reales, los que se aplican en limosna de misas para las ánimas del purgatorio.
Dos artes de fabricar aceite, que al año se arriendan con sus pertrechos y producen 546 reales.
Tres hornos de pan cocer: el uno en la quadrilla de Millana y los otros dos en la de Pareja, que producen al año 638 reales.
El Monte de los Cabezos, que se arrienda para pastos y produce el arriendo al año 7.750 reales.
Un pedazo de rebollar, llamado Monte Llano, que se guarda para que medren sus retallos.
El derecho de la Almotaceneria y peso que se arrienda en 814 reales.
Los cuatro oficios de escribano.
Una casa-mesón, propia de don Juan Alberto García Hidalgo, que renta al año 200 reales.
Otra casa-mesón, propia del Convento de Santa Clara, que renta 180 reales cada año.
Una taberna pública que se haya en la casa del que la sirve y se arrienda por carga concejil, de la que cobra moderados derechos por razón de Millones, Alcabalas y Zientos.
Otras tabernas en casa de los cosecheros que por menor venden a temporadas, cobrando el Concejo por derechos 234 reales.
Una tienda de pescado y aceite, en casa del que la arrienda, quien paga por ello 680 reales y tres maravedís.
Un hospital para pobres transeúntes. (Fº 54 al 60).
También se detallan en el catastro las relaciones de religiosas y religiosos que habitaban sendos monasterios de Alcocer, el de Santa Clara y el de Nuestra Señora de los Ángeles. Ascendían a más de 90 religiosos entre ambos sin tener en cuenta los vecinos que trabajaban a su servicio.
Para terminar, aquí os detallo literalmente los oficios y habitantes de Alcocer en 1752:
"Don Manuel de Campos, médico titular. Don Ignacio Ramírez, médico sin partido. Joseph Chelva, cirujano. Manuel Chelva, sangrador, hijo del anterior. Don Antonio Sibelo, abogado. Don Félix Vallesteros, escribano real y de número de esta villa. Don Francisco Cervigón, como el anterior. Don Juan Astudillo, como el anterior. Antonio de Juste, sacristán. Agustina Hontanillas, viuda de Pedro Sibelo, boticaria. José Sibelo “cuida de la cuñada y de la botica”. José Sandoval, mancebo. Bernardo y Alonso Notario, molineros. Juan García y García, molinero. Juan García, criado del molino, Andrés Fernández, Juan Sanabria, Juan Rincón, Joseph Escamilla, Joseph Santiago, Joseph Crespo, Joseph Tovar, Juan Blanco, Silvestre Ortiz, horneros. Atanasio Galindo y Julián Casero, panaderos. Juan Ibarra Malo, confitero. Pedro Tarro, ordinario de la villa. Atanasio Galindo, como el anterior. Julián Casero, panadero. Francisco Guindo y Juan Ruiz, mesoneros. Eusebia de Oliveros, oficiala de la Carnecería pública. Diego Bonillo, Juan Ayllón y Joseph Ayllón, sacadores de yeso. Francisco Plazo, vendedor de la renta del tabaco. Pedro Guindo, estanquero al por menor. Miguel Bindel, tabernero concejil y torero de a píe, ganaba como torero 50 ducados anuales. Manuel Bonillo, tendero de aceite y pescado. Don Marcelo García Hidalgo, obligado de carnes de Alcocer y Valdeolivas. Bernardo Arnao, como el anterior. Sebastián Canora y Juan Canora, hortelanos. Manuel Domínguez, Francisco Plaza, Diego Palomo, Carlos Morales, Juan Bachiller, Francisco Ballesteros, Cristóbal Cervigón y Cesáreo Manzano, arrieros. Francisco Quesada el menor, tratante de mulas. Francisco Cervigón Martínez, tratante en azúcar y pescado. Juan Ruiz, “Tratante en azafrán, pescado, paños y lo demás que le sale”. Francisco Ecija, Diego Martínez, Sebastián Cabeza, y Matías Cabeza, tratantes de ganado. Juan Gálvez, tratante en esporeria, jabón, cabestrería, y otros géneros menores. Joseph Ramón Notario, maestro de niños. Don Gregorio Ballesteros, preceptor de gramática y presbítero. Joseph Miguel Galindo, escribano. Pedro Galindo Ocaña, Herrero. Diego Bonillo, oficial del herrero. Miguel Sierra y Jerónimo Ribera, sastres que no ejercen por hallarse impedidos. Juan Francisco Bonillo, Francisco Bonillo, Juan Guindal, Manuel García, sastres. Juan Joseph Bonillo y Antonio Bonillo, oficiales de sastre. Miguel Tobar, Joseph Tobar, Juan Martínez, Andrés López, Matías Martínez, Francisco Martínez, Joseph Pérez Tarro, Julián Tarro, Jerónimo García, Ramón Domínguez, Pedro Málaga, Jerónimo, Pedro y Pablo Tarro, tejedores de lienzo. Juan Grande, Antonio Martínez, Juan Francisco Tarro, Tomás de Málaga y Miguel Tarro, oficiales de tejedor. Juan García Zúñiga, maestro herrador y albéitar con un jornal diario de cinco reales. Lucas del Castillo, su oficial. Joseph Quesada, Antonio Quesada y Manuel Alcántara, zapateros de viejo. Gabriel Nieto, Sebastián Ecija y Francisco Quesada, maestros de obra prima. Juan Gálvez y Antonio Vivar, maestros de carpintería, con un jornal diario de 6 reales. Julián Martínez, oficial de carpintero. Joseph de Castro, maestro tornero. Joseph Blanco y Julio de Rata, cardadores y sacadores de estambre. Juan Bonillo y Manuel Alcántara, rastrilladores de cáñamo. Pedro Palomo, aperador de arados. Francisco, Miguel y Pedro Castro, albañiles, con un jornal de cinco reales. Miguel de Castro, albañil, impedido. Juan López Medina, Joseph Garrido, pastores de ganado lanar. Francisco Fernández y Juan Blanco, pastores del ganado de labor y cerril de los vecinos".
¿Donde está el sepulcro de Doña Mayor?
17/03/2007
Existen muchas conjeturas acerca del destino que sufrió el sepulcro de Doña Mayor Guillen, en Alcocer. Unos piensan que durante la Guerra Civil española fue quemado junto con otras muchas obras de arte que albergaba el convento. Es muy probable que esto ocurriera así, no obstante, durante la guerra civil, vinieron a España numerosos agentes de museos estadounidenses, a comprar o a "rapiñar" todo aquello que podían. Esta puede ser otra hipótesis válida, situaríamos entonces el sepulcro en algún lugar de Estados Unidos, alguna casa particular o museo, no lo podemos saber. El caso es que las religiosas, desde la misma muerte de Doña Mayor, demostraron una gran devoción hacia su fundadora. Una devoción que mantuvieron hasta el abandono del convento en 1936. Es difícil creer que las religiosas, después de tantos siglos de fidelidad y de finos cuidados hacia el sepulcro, abandonasen así la momia de su fundadora.
Ya comenzada la Guerra Civil, las monjas sabían que su situación era extremadamente peligrosa, más tarde o más temprano deberían abandonar el convento para refugiarse en algún sitio seguro. Así, avisadas por algunos vecinos de la villa de Alcocer, una noche, sin previo aviso, huyeron dejando atras siglos de historia. Me aventuro a imaginar aquellos momentos y pienso que si ya estaban sobre aviso, tomarían las medidas necesarias para la protección de su fundadora. Es probable que escondieran únicamente la momia de la fundadora ya que el sepulcro era de grandes proporciones (más de 2 metros largo); pero podemos aventurar también que se hiciera lo mismo con el sepulcro. Por otro lado támpoco queda ninguna religiosa viva que pueda contárnoslo, tampoco sabemos si alguien lo preguntó.
Entonces, ¿donde puede encontrarse el sepulcro y la momia de Doña Mayor Guillen?. Lógicamente no podemos saberlo, quizás se encuentre escondido en alguna de las bodegas o pasadizos que posee el convento; aún así, la mayoría de estas grutas, propias del antiguo alcantarillado árabe, se encuentran intransitables debido a la construcción de nuevas viviendas y al paso de los años.
Para concluir, creo firmemente que las monjas no fueron capaces de abandonar a su suerte a la fundadora y más sabiendo el destino que la esperaba. Tomarían las medidas necesarias para impedir que sufriera daño alguno, quizás con la idea de algún día volver a rescatarla, quién sabe.
Santa Clara de Alcocer en Estados Unidos
17/03/2007
Quién podía pensar que un manuscrito escrito por las monjas de Santa Clara de Alcocer, aparecería en Estados Unidos, más concretamente en la Universidad de Massachusetts. Así es, recientemente contacté con el profesor David Arbesú, catedrático de filología hispánica y portuguesa de esta universidad. No hace mucho tiempo, unos 6 años, este manuscrito fue comprado en una librería de Oviedo y posteriormente fue trasladado a EEUU para su estudio y conservación. Gracias a Dios que existe gente que se interesa por nuestro patrimonio cultural ya que, seguramente, si hubiera sido ofertado a Castilla la Mancha, habrían hecho caso omiso a un documento histórico tan importante. Tanto es así, que en la colección del Centro de Estudios Renacentistas de Massachusetts está considerado como la joya de la collección.
Se trata de un documento que consta de unas 100 páginas; en ellas se va narrando al principio la historia del monasterio desde su fundación, escrita por las propias monjas. Posteriormente se listan toda una serie de gracias y mercedes que los monarcas, a lo largo de los siglos, han otorgado a este convento.
Curiosamente, hace dos semanas me regalaron un libro sobre el patrimonio artístico desaparecido en Guadalajara. En Alcocer se centra, como es lógico, en el desaparecido sepulcro de Doña Mayor Guillen de Guzman; quedé gratamente sorprendido al leer que, don Juan Catalina García, cronista provincial de Guadalajara (Finales siglo XIX, principios del XX), tuvo la oportunidad, salvando la clausura, de admirar el sepulcro en cuyo interior se hayaba el manuscrito.
Hace casí 100 años que Don Juan Catalina García hojeó este manuscrito. Hoy, 100 años después, he sido yo quien ha tenido la oportunidad de leer algunas de sus páginas. Tengo que agradecer enormemente la colaboración del Sr. David Arbesú que es quien se está ocupando en estos momentos del estudio de este documento y quien desinteresadamente me ha enviado algunas imágenes del manuscrito.
Gracias David